viernes, 18 de mayo de 2007

Simplemente puro Sentimiento


Julia Díaz Duffé
Simplemente Puro Sentimiento

Por Cynthia Céspedes

No recuerdo el día exacto en que la conocí, pero sí les aseguro que siempre ha estado en mi vida, y eso ya es suficiente para entender todo el mundo que esconde Julia Díaz.
No es raro acercarse a ella sin quedarse con una sensación de apego. Aparentemente es una persona imperante, su metro sesenta y seis no le permite pasar inadvertida y sus largas piernas pálidas siempre me hicieron pensar, aún cuando éramos niñas, que algún día caminarían en una pasarela de la alta moda capitalina.
Sin embargo, la Julia no estaba destinada a encantar de esa forma. Su encanto se convirtió en ternura, su delicada personalidad la volvió un poco tímida y a medida que fue creciendo pudo fusionar, recién, carácter y fortaleza.
Hoy, se ha convertido en una mujer de personalidad definida, tiene un carácter fuerte, sin embargo sabe vestirse de la humildad necesaria para no atropellar a nadie. Es alegre, más de lo que ella podría pensar, optimista, soñadora y jamás pierde oportunidad de conocerse y asombrarse con las cosas nuevas que descubre de sí misma.
Es la menor de tres hermanos, la única mujer entre los herederos y le ha tocado la parte más difícil de una familia, quedarse a vivir en casa junto a sus padres, a pesar de que sus hermanos ya formaron su propio hogar. Sin embargo no deja de ser la más regalona, ya que fue criada como la nieta mayor, según sus palabras.
A sus 29 años ya estuvo casada y a pesar de que su matrimonio pertenece a un episodio tormentoso de su vida, sí puede sentirse satisfecha de haber vivido la experiencia. Ya que gracias a esos días puede sentirse una mujer más madura, experimentada, con objetivos más claros y por sobretodo, capaz de enfrentar cualquier adversidad. Además, como no hay mal que por bien no venga, de eso obtuvo un tesoro único, que le ha permitido caminar con más fuerza... su hija Martina.
Martina, nació hace tres años y sin pensarlo permitió que Julia, desde ese día, naciera con ella, porque no se cansa de decir que después de su hija comenzó una nueva vida. La experiencia de la maternidad ha sido un verdadero remolino en la vida de Julia, le ha remecido el piso, ha desarrollado emociones desconocidas e inexplicables y le ha mostrado horizontes que antes jamás esperó.
Esta nueva etapa la está disfrutando al máximo y está entregándose por completo a esta nueva misión. Incluso tomó la gran decisión de dejar de trabajar, para no perder ningún segundo del crecimiento de su hija. Dice que Martina nunca más volverá a ser chiquitita y estar con ella es fascinante.
Para Julia ser madre lo es todo, conlleva educar, guiar, corregir, amar y por sobre todo lograr que los hijos sean felices, autosuficientes y seguros de sí mismos. Hoy se considera una madre feliz, pero lamenta no ser experta en la materia, por lo delicado del rol y porque dice que "sólo dependemos de la herencia genética y la identidad aprendida para criar a los hijos".
Es que así es Julia, medio perfeccionista y muy crítica de sí misma. Siempre fue así, a pesar de que mantiene un bajo perfil, le gusta saber que lo que está haciendo, podría hacerlo mejor. Así fue como pudo estudiar una carrera, terminar de sacar el título de otra y a la vez trabajar de profesora en un colegio. Otro rol que marcó su vida.
Ya que como pedagoga, Julia, se convirtió en la profe que todos quisimos tener cuando chicos. Es linda, estupenda y muy buena onda. Tuvo la facultad de escuchar a sus alumnas individualmente y entender que cada una es distinta a la otra, por lo tanto no todas aprenden de la misma manera.
Sin duda que su paso como profesora, en el mismo colegio donde ella estudió, le sirvió para descubrir esa capacidad que llevaba consigo, oculta e imperceptible, ya que Julia es muy buena escuchando y sabe ocupar el lugar del otro a la hora de aconsejar. Es una excelente analítica y sin darse cuenta, posee un interés único en el resto de la gente.
La Julia es así, para algunos enojona, para otros demasiado sensible, lo importante es que jamás deja de ser ella misma. Le cargan las cosas mal hechas y se contenta simplemente con una sonrisa sincera. Hoy no sabe cómo podrían enamorarla, sin embargo, tiene muy claro que su alma gemela debe ser un hombre algo mayor, que la respete, pero con un tremendo sentido del humor; debe ser alguien admirable y que a pesar de los errores, ella pueda amarlo igual.
Por que eso es lo que mueve a la Julia, el amor.
El amor a Dios, a su hija, a sus amigos, a su familia y la vida. Julia es una mujer que simplemente se mueve con los sentimientos, porque uno de sus anhelos es ese, amar de todo corazón y para siempre y ser amada de la misma forma, sin dolor, sin temor y sin una pizca de inseguridad.
Julia es una mezcla de todo eso, nunca deja de tener sueños y esperanzas, desea vivir plenamente y algún día formar una familia. Aún siente que le falta mucho por hacer y a pesar de que repetiría mil veces la experiencia de la maternidad, considera que invertiría algunos hechos de su vida.
Es una mujer romántica, aunque sabe mantenerse sola y sentir que en el sexo opuesto, hasta ahora, sólo puede encontrar amigos, verdaderos ángeles incondicionales que pueden ayudarla a sanar sus penas del pasado, sin tener que entregar algo a cambio.
Julia llegó al mundo un frío día de invierno, entre el gélido paisaje que presenta Santiago. Sin embargo, creció bajo el inconfundible calor nortino de la ciudad le entregó recuerdos que con el tiempo se borraron inevitablemente, Antofagasta. Tuvo una controvertida pero solitaria niñez, seguida de una hermosa juventud, que culminó en la capital.
Hoy podemos ver que ha crecido, que se ha convertido en una hermosa madre, que sigue siendo una excelente hija y que, aunque sus días estén en la mitad del camino, ella continúa con esa lucha interna de la niña que se moría por ser mujer y la mujer que hoy no quiere dejar de ser una niña.
Esta es Julia Díaz, la inquieta, la aprendiz, la curiosa, la insegura, la talentosa... simplemente, una amiga de verdad.




Con Amor
La Cyn

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